Logró una travesía inédita en Puerto Rico

El abogado Alejandro Bellver Espinosa, de origen argentino y residente en Puerto Rico desde hace más de dos décadas, se convirtió en el primer argentino en completar la exigente travesía de 13 kilómetros a nado que rodea la Isleta de San Juan en Puerto Rico.
A sus 42 años, y tras tener un diagnóstico de osteoporosis, Bellver Espinosa retomó la natación de alto rendimiento con la mirada puesta en la mejora continua. Al punto tal que ya tiene otro objetivo: el próximo 7 de junio enfrentará el cruce de la Isla de Vieques a Ceiba, un trayecto de 18 kilómetros en aguas abiertas, junto al ultranadador Joel Matos, en un evento a beneficio del Hogar Cuna San Cristóbal, institución que atiende a niños víctimas de maltrato y negligencia.
La semana pasada, un grupo de nueve nadadores —cinco puertorriqueños, un venezolano, dos estadounidenses y Bellver Espinosa— intentó completar la vuelta a nado de la Isleta de San Juan. Solo seis lograron finalizar el recorrido, que se extiende durante 13 kilómetros y atraviesa puntos como castillo San Cristóbal, La Perla y El Morro.
Sobre el tramo final de 3,2 kilómetros frente a la zona portuaria, Bellver Espinosa afirmó que resultó el más desafiante, ya que debieron nadar en presencia de cinco cruceros, lanchas y jet ski pasando cerca. Las condiciones climáticas agregaron dificultad, con vientos de hasta 24 nudos y corrientes cruzadas. También se avistó un tiburón martillo de 1,5 metros cerca de los nadadores.
El operativo de apoyo enfrentó dificultades logísticas. Al principio contaban con un bote y dos kayaks para acompañamiento, pero los kayaks cancelaron a último momento. Los nadadores comenzaron solos la travesía a las 6:36 desde la marina de San Juan; tras 75 minutos de nado ininterrumpido, lograron contactar al bote de apoyo para la primera hidratación. La llegada se produjo a las 12:22 horas.
Una historia de migración y resiliencia: de Argentina a Puerto Rico
Bellver Espinosa nació en El Cortijo, San Miguel, provincia de Buenos Aires. La crisis económica de 2001 en Argentina motivó su traslado definitivo a Puerto Rico, tras una visita familiar que coincidió con el estallido del corralito. Consiguió una visa estudiantil en tiempo récord, condición impuesta por sus padres para quedarse en la isla. Aunque inicialmente fue aceptado para estudiar abogacía en la UCA, finalmente obtuvo un bachillerato en Justicia Criminal en la Interamericana de Ponce y luego la carrera de Derecho.
Alejandro destaca la influencia de su mentora, la doctora Graciela Belaval, con quien se formó en litigios comerciales y laborales. Hoy dirige el estudio Bellver Espinosa Law, especializado en litigios complejos. Recuerda que su llegada a Puerto Rico estuvo marcada por años de gran esfuerzo. “Tenía que estudiar más, trabajar más. Además tenía que ayudar a mantener a mi hermano, con quien vivía cuando llegué a la isla. Él se ocupaba de la casa y yo trabajaba mientras estudiaba”, cuenta. Esa exigencia lo obligó a dejar la natación durante muchos años.
“Necesitaba concentrarme cien por ciento en la carrera; no me daba el cuero para seguir nadando. No vengo de una familia de plata, pero sí de una donde te enseñan que hay que romperse el lomo para salir adelante”, agrega.
La natación siempre estuvo presente en su familia, aunque la práctica profesional empezó seis meses antes de migrar, en el club de San Miguel. Al instalarse en Puerto Rico, interrumpió la disciplina para centrarse en los estudios y el trabajo. Solo veinte años después, motivado por el diagnóstico de osteoporosis a los 36 años, retomó la actividad.
Nota y foto publicada en Infobae.